Sobre el chat de Viacha
Los viachas no tienen prisa, ni siquiera cuando el viento helado del Altiplano les azota las mejillas. Aquí, a 3.870 metros sobre el nivel del mar, la vida se mide en mañanas de sol sobre los campos de cebada y tardes de olor a papa asándose en los fogones de barro. La gente del lugar —callada pero cercana— prefiere el traqueteo del tren La Paz-Guaqui que cruza el municipio antes que el bullicio de la ciudad; es su conexión cómoda con el mundo, igual que la ruta que une Viacha con El Alto.
En la calle, los vecinos se reconocen por el paso firme de quienes conocen cada piedra del empedrado. No es raro cruzarse con pastores que traen ovejas de los cerros cercanos o con campesinos que llevan cargas de quinua recién cosechada. Y si el cielo se carga de nubes entre diciembre y febrero, todos saben que la estación lluviosa ha llegado: entonces el altiplano se viste de verde y los caminos se hacen más transitables.
Pero Viacha no es solo tierra de cultivos fríos. El municipio lidera la producción departamental de cebada, un cereal que aquí no se desperdicia: se muele, se hierve y se convierte en la base de las sopas que calientan las tardes de trabajo. La gente del lugar no necesita más presentación que un apretón de manos y una sonrisa entre los surcos.
Última actualización: 27 de agosto de 2026