Sobre el chat de Verín
Si cruzas el Miño por el puente de As Mestas o subes desde O Bolo, el primer olor que te golpea en Verín es el del pan de millo recién hecho en alguna tahona de la calle Real. No es casualidad: aquí el maíz y el trigo se han mezclado desde siempre en la mesa, pero es el ribeiro —ese vino blanco fresco y afrutado— el que marca el ritmo de las tardes en las terrazas de la plaza Mayor, repletas de verinenses que discuten del último partido del Club Deportivo Verín o del tiempo para la próxima cosecha.
Más allá del casco histórico, donde la casa consistorial y el pazo de Torquemada —hoy un centro cultural— son testigos mudos de siglos de comercio con Portugal, están las afueras: el polígono industrial de A Pobra, donde talleres mecánicos y fábricas de muebles conviven con huertas de tomates y pimientos. Pero si quieres sentir el alma de este pueblo, no te pierdas la romería de San Froilán, el 5 de octubre, cuando las calles se llenan de música de gaitas, pulpo a la gallega en puestos callejeros y el olor a leña quemada de las parrillas. Allí, entre risas y algún que otro brindis con ribeiro de la zona, te darás cuenta de que en Verín la hospitalidad no es un eslogan, sino un estilo de vida.
Última actualización: 9 de agosto de 2026