Sobre el chat de Barbadas
Barbadas huele a pan recién horneado los domingos en la tahona de la plaza, donde los mayores se reúnen a las once con su café con leche y un trozo de tarta de almendra. Si pasas por allí, fíjate en el hórreo del atrio de la iglesia: tiene más de dos siglos y sus vigas están marcadas con iniciales de quienes lo repararon tras la guerra. No es un pueblo de postal, sino de esos donde la gente sabe de memoria en qué casa nació cada niño y qué familia regenta el ultramarinos desde 1962.
Más allá del casco histórico, el camino a la ermita de San Roque sube entre castaños centenarios y se llena de bicicletas los sábados por la mañana. Los de Barbadas no hablan de turismo, pero si te interesa el senderismo, pregunta por la ruta que baja hasta el río Arnoia: hay un puente de piedra del siglo XVIII donde los antiguos molineros lavaban sus aperos. Y ojo con las fiestas de agosto: el día del patrón, el pueblo se parte la noche con música tradicional hasta que el último acordeón se queda sin pilas a las cinco de la mañana.
Última actualización: 27 de junio de 2026