Sobre el chat de Ribadavia
Dicen que quien prueba el vino de Ribadavia, repite. No es casualidad: el Ribeiro, con sus uvas Albariño y Treixadura, se sirve en cada rincón del pueblo, desde las bodegas del casco histórico hasta las mesas de las fiestas del Corpus. Pero Ribadavia no es solo vino. En el barrio de la Villa, las calles empedradas guardan el eco de los judíos que aquí tuvieron su aljama en la Edad Media, con edificios que aún hoy muestran sus símbolos. Y si llega el verano, la feria de la sidra —con sus chigres llenos y las orquestas tocando hasta el alba— es el momento en que hasta el más tranquilo se anima a bailar.
La plaza Mayor no perdona: allí el ayuntamiento, con su fachada barroca, es el centro de la vida social. Los veranos, el mercado callejero con productos de la tierra —queso de tetilla, empanadas de zamburiñas— atrae hasta a los ribadavienses que viven fuera. Y si el calor aprieta, siempre queda escaparse a las piscinas naturales del río Miño, a solo cinco minutos en coche, donde el agua fría contrasta con el sol de agosto.
Última actualización: 29 de junio de 2026