Sobre el chat de San Juan Sacatepéquez
Allí donde el cerro se viste de hierba y el río Motagua nace entre verdes laderas, San Juan Sacatepéquez guarda tradiciones que huelen a barro y a maíz recién cosechado. No es un pueblo cualquiera: su nombre, mezcla de náhuatl y de fe cristiana, recuerda a los tlaxcaltecas que acompañaron a Alvarado y a un Juan el Bautista que da nombre a su fiesta mayor cada 24 de junio. Lo que más destaca no son los números, sino lo que se toca con las manos: las tejas que cubren las casas, los jarrones que guardan flores y el maíz que se muele en los molinos de la mañana.
Si pasas por el mercado municipal, verás cómo la luz entra a raudales por sus techos de uralita y cómo el olor a café recién hecho se mezcla con el de las verduras frescas. No es solo un lugar de compraventa: es el corazón donde se tejen los lienzos de algodón y se moldea el barro para los cántaros que luego llenarán de agua los hogares. Más allá del bullicio, los suelos no son los mejores para el cultivo, pero los sacatepequeños sacan provecho a cada metro con flores que viajan a otros municipios y con pequeños huertos donde el frijol y el maíz resisten.
En las tardes, cuando el clima templado invita a sentarse en los porches, es común ver a vecinos comparando los diseños de sus tejidos o hablando de la última cosecha. No hay que buscar grandes monumentos ni avenidas interminables: basta con dejarse llevar por el sonido de las herramientas de alfarería o por el rumor del río que nace cerca, recordando que este municipio no solo produce, sino que también guarda historias entre sus calles y cerros.
Última actualización: 4 de septiembre de 2026