Sobre el chat de Calafell
Entre el azul del Mediterráneo y los contrafuertes del macizo del Garraf, Calafell se estira donde la tierra se quiebra para dejar paso al mar. Aquí la brisa trae salitre y el paisaje se divide entre el bullicio de la playa y la calma de los barrios de más arriba, donde el castillo de Calafell —documentado en el año 1037— vigila el paso de los siglos desde su altura de 67 metros.
En las mesas de los restaurantes, el aroma a pescado fresco y romesco se mezcla con el del arrossejat, ese guiso de arroz con marisco que es la bandera de la cocina local. No es raro ver a los vecinos pedir también un xató, la ensalada con escarola que, aunque más propia del interior, aquí ha encontrado un segundo hogar junto a las lonjas de la playa.
Más allá de la gastronomía, Calafell guarda huellas de su pasado ibero y romano en la Ciutadella Ibérica, un yacimiento que desenterró los cimientos de una ciudad de hace más de dos mil años. Y si te gusta el contraste entre lo antiguo y lo moderno, échale un vistazo al núcleo de Segur de Calafell: esa urbanización que creció hasta convertirse en un pequeño universo aparte, donde conviven casas de verano y residentes de todo el año.
Última actualización: 8 de septiembre de 2026