Sobre el chat de Quillota
Entre el rumor del río Aconcagua y el abrazo de cerros que se alzan al este, Quillota respira historia y naturaleza en el corazón del valle. No es raro que el viento traiga el eco de los cascos que alguna vez resonaron en el Campo Militar "San Isidro", donde hoy se entrenan los Granaderos del Regimiento Escolta Presidencial. Al caer la tarde, la Plaza de Armas se viste con el aroma de los cipreses que sobrevivieron a los temporales de los 80, y el Odeón —dado por la comunidad italiana— parece susurrar melodías de otra época mientras las palmeras del centro se mecen con calma.
Más allá de la ciudad, el cerro La Campana (1.880 m) marca el límite oriental del valle, con sus laderas que guardan leyendas de incas y conquistadores. El Parque Municipal "Aconcagua", junto al cauce del río, es el sitio donde los quillotanos van a pasear bajo el sol mediterráneo, sabiendo que al otro lado del macizo la costa se asoma con sus playas cercanas. Por las noches, el frío se cuela entre las calles empedradas, pero la Parroquia San Martín de Tours y el Convento Santo Domingo siguen iluminados, testigos mudos de siglos de vida en este rincón del valle.
Quillota no es solo un cruce de caminos entre el litoral y la cordillera: es un lugar donde el pasado y el presente se dan la mano. Aquí se habla de equitación con orgullo, de paseos junto al Aconcagua y de ese sabor a tierra que define a quien nace o vive entre huertos y viñedos. Si entras, no tardarás en encontrar a alguien que te cuente cómo es el invierno por estas latitudes o qué se siente al ver el amanecer desde el cerro, con el valle aún dormido.
Última actualización: 8 de septiembre de 2026