Sobre el chat de Petrel
En la Plaza de Baix, cuando cae el sol, los petrelers se reúnen como cada tarde: unos en las mesas de la terraza del Bar del Castillo, otros apoyados en el pretil de la fuente mientras charlan de fútbol o de la última fiesta de Moros y Cristianos. No es difícil ver a alguien con un rollito de aguardiente en la mano o preguntando por la ubicación exacta del castillo medieval, ese que desde lo alto vigila el pueblo desde hace siglos.
Petrer no es solo un cruce de caminos entre Elda y Novelda: aquí la calle huele a gaseosa y a buñuelos recién hechos los días de San José, y en mayo las calles se llenan de desfiles con comparsas que desfilan al ritmo de dulzaina y tabal. Si pasas por el casco antiguo un sábado de luna llena, fíjate en las visitas teatralizadas que organizan desde la oficina de turismo: recorren el Ayuntamiento y la iglesia de la Virgen del Remedio bajo la luz plateada, contando historias que ni los más viejos del lugar conocen de memoria.
Para quien no es de aquí, el truco está en probar las fassegures en cualquier restaurante del centro antes de que se acaben, o en perderse por el parque 9 de Octubre los domingos de octubre, cuando los vecinos sacan sus sillas de playa para ver los desfiles de Carasses. Eso sí, si preguntas por el gazpacho con conejo, no te extrañes si te invitan a sentarte a su mesa: en Petrer se come —y se bebe— como en casa.
Última actualización: 8 de septiembre de 2026