Sobre el chat de Crevillent
Aquí arriba, donde la sierra choca con el llano, Crevillent se planta con carácter propio. No es un pueblo cualquiera: tiene el pulso de un municipio que mira al mar pero vive de espaldas a él, abrazado a las faldas de la sierra que lleva su nombre. Si pasa por el centro, fíjate en las calles estrechas alrededor de la Plaza de la Vila: aún guardan el eco de los molinos de papel que hicieron famoso al lugar en el siglo XVIII. Hoy quedan pocos, pero el aroma a tradición sigue pegado a las paredes.
Entre semana, la cosa se centra en el Mercado Municipal, donde los puestos de verdura y pescado fresco se mezclan con el bullicio de los vecinos. Los domingos, sin embargo, el protagonista es el Santuario de Nuestra Señora de Belén, colgado en la montaña. Subir hasta allí en romería —aunque sea en coche— vale la pena solo por las vistas y ese momento en que, de golpe, se ve todo el valle. Y si te gusta el dulce, no te pierdas las tortas de la Semana Santa: las hacen con miel y almendra, y en algunas pastelerías aún las preparan como en los años 50.
Última actualización: 12 de julio de 2026