Sobre el chat de Pasto
Pasto no es solo el lugar donde el tiempo se mide por tazas de cuy asado o por el olor a pan de yuca recién horneado en el Mercado de La 16. Aquí la gente se saluda con un "¿qué más, mae?" que suena a rutina y a hospitalidad a partes iguales, mientras el volcán Galeras vigila desde el sur como un gigante dormido. Si pasas por la Plazoleta de Nariño al atardecer, verás cómo los ancianos juegan dominó y los niños corren entre las farolas que dibujan sombras alargadas sobre las baldosas rojizas. Eso sí, no te confundas: el frío de la ciudad no perdona, así que lleva un abrigo ligero aunque sea verano.
Lo más auténtico de Pasto, más allá de sus calles empedradas o el eco de las campanas de la Catedral, es su gente. En el barrio de San Juan, por ejemplo, los domingos son sagrados para el fútbol callejero en la cancha de La Laguna, donde los muchachos se enfrascan en partidos que duran hasta que el sol se esconde tras el cerro de La Cocha. Y si quieres probar lo mejor de su gastronomía sin gastar un peso, busca a doña Rosa en el puesto de comida del Mercado Central: su changua con arepa de choclo te hará olvidar que alguna vez existió el café instantáneo.
Última actualización: 7 de agosto de 2026