Sobre el chat de Panzós
El aire del Polochic trae humedad y el olor a tierra mojada de las vegas donde el río serpentea entre piedras rojizas. Aquí el verde no es un color, es un paisaje que se extiende hasta donde se pierde la vista y que dibuja el día a día de sus gentes, mayoritariamente kekchís y poqomchís. Las aguas del río, con su característico sarro, son el espejo que refleja el cielo y el sustento de quienes cultivan la tierra a sus orillas.
Más allá del río, el calor se hace sentir en el casco municipal, donde las casas de madera y zinc se apiñan alrededor de la plaza. Los ancianos recuerdan cuando el nombre 'Panzós' venía de esas aguas verdes que bañaban el pueblo, y los más jóvenes lo repiten como un orgullo heredado. Aquí no hay que buscar demasiado para encontrar el sabor del maíz tostado con sal, ese que se vende en los puestos junto al mercado, o el aroma a leña quemada que llega de las cocinas al atardecer.
En las noches, cuando la temperatura baja un poco, la gente se reúne a charlar bajo los árboles frondosos. No hace falta ir a ningún rincón especial: la vida cotidiana de Panzós cabe en sus calles polvorientas y en los rincones donde el río y el monte se tocan. Si quieres saber cómo es el ritmo de este pueblo, qué se habla o qué se vive entre sus gentes, aquí encontrarás a quien te lo cuente sin rodeos.
Última actualización: 11 de septiembre de 2026