Sobre el chat de Neiva
Neiva no es solo el sol asfixiante del centro o el olor a arequipe de la Plaza de Mercado, es también la semilla de café que se tuesta en el barrio El Jardín al amanecer. Por las tardes, en el Malecón del Río Magdalena, los jóvenes se juntan para ver el atardecer entre el rumor de las lanchas que suben desde Girardot, mientras en la distancia se adivina la cordillera de los Andes como un muro verde. A dos calles de allí, el mercado de La Playa bulle con vendedores de mondongo y jugos de lulo, ese cítrico ácido que solo aquí sabe a verano.
Si pasas por el Parque Santander a las 6, verás a los abuelos jugando dominó bajo los árboles de ceiba, los mismos que plantó el poeta José Eustasio Rivera hace un siglo. Pero no te quedes solo en lo turístico: el barrio Casa Grande, con sus casas de bahareque pintadas de colores, guarda talleres de artesanos que trabajan el barro para hacer las típicas ollas de Neiva, o esos totumos que usan para tomar el masato de maíz en las veredas cercanas. Y si te gusta el folclore, pregunta por la fiesta de San Pedro en el corregimiento de La Plata, donde hasta los niños saben bailar el sanjuanero sin pisar los compases.
Última actualización: 7 de agosto de 2026