Sobre el chat de Eldorado
Eldorado no nació como un pueblo corriente, sino como un proyecto de pioneros: colonos alemanes, suecos y holandeses que llegaron a las orillas del Paraná atraídos por la leyenda de un lugar rico en tesoros. Hoy, esa herencia se respira en cada esquina, desde el olor a madera recién aserrada hasta el acento de quienes aún guardan el idioma de sus abuelos. Atrás quedó el mito de El Dorado; quedó el progreso, el trabajo y una ciudad que mira al río como su mejor aliado.
La madera es el pulso de Eldorado. Más de setenta aserraderos en la ciudad y otras localidades del departamento mantienen vivo el sector forestal, con pino ellioti como protagonista indiscutible. No es raro ver camiones cargados de troncos rumbo a las laminadoras o las fábricas de muebles que exportan por todo el país. El Paraná, ancho y lento, hace de espejo para esta actividad que define el carácter de la zona: práctico, resistente y sin adornos.
Quien cruza el río desde Paraguay —apenas unos minutos en lancha— lo nota al instante: Eldorado huele a sawdust mezclado con el dulce de la tierra roja. Aquí no hay plazas de armas ni mercados con nombre de héroes, pero sí el rumor constante de las sierras y el bullicio de las peñas donde se baila chamamé hasta el amanecer. Si te gusta el olor a pino fresco o el sonido de las guitarras en vivo, esta sala es tu lugar.
Última actualización: 7 de agosto de 2026