Sobre el chat de El Campello
El Campello huele a salitre al atardecer, cuando los campelleros —así se llaman sus vecinos— sacan las sillas a la calle para ver cómo el Mediterráneo se traga la luz. No es Alicante capital, pero aquí el ritmo es otro: más lento en invierno, cuando el viento frío barre la playa de Muchavista, y explosivo en verano, cuando la arena se llena de sombrillas y el olor a paella se mezcla con el de la gasolina de los barcos pesqueros que aún fondean cerca del puerto.
Las calles del casco urbano, entre el Río Seco y la línea de costa, son el mejor escenario para entender por qué este pueblo de pescadores se convirtió en municipio propio hace más de un siglo. Aquí no hay solo turismo: en octubre, los moros y cristianos desembarcan en la playa con sus trajes de seda y espadas de cartón, y en julio, la Virgen del Carmen baja a hombros hasta el mar entre cánticos y petardos que hacen temblar los bloques de apartamentos de la zona de Levante.
Si pasas por la playa urbana, fíjate en cómo los chiquillos juegan al fútbol entre las sombrillas mientras sus padres toman un *arroz a banda* en los bares del paseo marítimo. Eso sí, cuidado con el Río Seco: cuando llueve fuerte, ese cauce seco se convierte en un torrente que arrastra todo a su paso.
Última actualización: 7 de septiembre de 2026