Sobre el chat de Denia
El Mediterráneo abraza a Denia con tal fuerza que hasta el Montgó —ese gigante de piedra caliza que se alza a 753 metros— parece inclinarse para observar cómo la ciudad se funde con el mar. En invierno, la Plana de Denia, fértil y verde, esconde naranjos y almendros entre el bullicio de los astilleros históricos, mientras que en verano, el puerto se llena de barcas de pesca descargando la famosa gamba roja, ese oro rosado que hierve en las cazuelas del puerto.
Bajo el castillo, el barrio de Les Roques guarda el eco de los árabes, con sus calles empedradas que suben como espirales hacia la fortaleza. Al otro lado, en Baix la Mar, las casas de pescadores se agolpan junto a la reserva marina del cabo de San Antonio, donde los buceadores juran que el suquet de pescado sabe mejor después de un chapuzón entre sus aguas transparentes.
Cuando llega el 26 de enero, la ermita de Santa Paula se llena de olor a mistela y pasas: el porrat inunda la plaza con sus puestos de golosinas y embutidos, mientras la procesión serpentea entre los olivos. Y si te gusta el modernismo, pasea por la calle del Marqués de Campo, donde las tiendas cierran y la calle se convierte en un paseo peatonal donde hasta los turistas acaban hablando de la gamba con acelgas.
Última actualización: 8 de septiembre de 2026