Sobre el chat de Cordillera
El nombre de Cordillera no viene de la sierra, sino de los primeros asentamientos que, tras siglos de ataques guaicurúes, se aferraron a esta tierra entre ríos. Altos y Atyrá, dos de sus pueblos más antiguos, guardan el eco de aquellos días en que la zona era refugio de agricultores que huían hacia el sur. Hoy, el departamento sigue siendo un cruce de caminos fluviales: el río Paraguay lo abraza por el oeste, mientras que el lago Ypacaraí —con sus 90 km² de superficie— refleja el cielo templado de la región.
Quienes pasan por Caacupé, su capital, notan rápido el peso de su identidad: aquí la artesanía en madera y cuero es tan parte del paisaje como los cerros suaves que se pierden en el horizonte. Los saltos de Chololó o Piraretá, tallados por el río Piribebuy al bajar desde Pirayú, son paradas obligadas para los que buscan el frescor de sus aguas. Y en los mercados, el aroma a piña y ka'a he'e se mezcla con el de las naranjas agrias que se venden a kilos en cada puesto.
La gente de Cordillera no solo trabaja la tierra; también teje su historia en los talleres de Eusebio Ayala o en los hornos de Emboscada, donde la caña de azúcar se convierte en dulce. Si buscas algo más que paisajes, aquí el café de los cultivos de Ypacaraí se sirve negro y fuerte, como el carácter de quienes lo toman.
Última actualización: 7 de agosto de 2026