Sobre el chat de Chichicastenango
El 21 de diciembre el aire huele a copal y a manzanas recién cosechadas. Es el día de Santo Tomás, cuando Chichicastenango se viste de fiesta y el mercado se llena de colores que no se ven en otro rincón de Guatemala. Los cerros Chuicatalina y Pascual Abaj miran desde lejos mientras la gente intercambia frutas, artesanías y hasta historias junto a los puestos de maíz y frijol.
Por aquí se escribió el Popol Vuh, ese libro que cuenta cómo nacieron los dioses mayas y los hombres. Lo guardan celosamente en la memoria de los ancianos, pero en cada esquina se respira su eco: en los trajes de lana, en los colores de los huipiles y en las ofrendas que se llevan al pie del cerro Turkaj cuando cae el sol.
Los ríos Sepelá y Lacamá serpentean entre los barrancos, llevándose consigo el rumor de las oraciones y el olor a leña quemada de las cocinas de adobe. Aquí no se vive de prisa: se camina entre puestos de duraznos y granadillas, se regatea con calma y se escucha el idioma quiché mezclado con el español de quienes llegaron hace siglos y se quedaron.
Última actualización: 8 de septiembre de 2026