Sobre el chat de Cartaya
Cartaya huele a salitre al atardecer en la playa de La Bota, donde los vecinos aún recuerdan cuando los barquitos de pesca salían con la marea baja para volver al caer el sol. El pueblo, con sus calles empedradas en el casco antiguo, tiene un ritmo distinto al de la costa: en la Plaza del Mercado, por las mañanas, se oye el regateo de las abuelas que venden tomates de la tierra, esos que saben a verano incluso en invierno. Y no falta quien pasea por el Parque de los Príncipes, ese pulmón verde junto al río Piedras, donde los niños corren entre los pinos y los mayores se sientan a ver pasar el tiempo.
Si te gusta lo auténtico, en julio no te pierdas la Fiesta de la Virgen del Carmen, cuando la imagen sale en procesión por el puerto y los barcos se engalanan con banderas. Pero ojo: en Cartaya no todo es fiesta. Los de aquí saben que el mejor jamón de la tierra se cura en las bodegas del interior, y que un buen pescado frito en cualquier chiringuito de la costa sabe a gloria. Aquí se habla de todo, pero siempre con un pie en la tierra y otro en el mar.
Última actualización: 10 de agosto de 2026