Sobre el chat de Caacupé
Los caacupeños se toman la calle como si fuera propia: aquí hasta el adoquín parece contar historias entre el aroma a chipa recién horneada y el sonido lejano de un guaraní cantado en la plaza. La gente no se limita a pasar; se queda en las veredas largas de la ruta 2, que desde Asunción deja ver los cerros verdes de la Cordillera como un aviso de que ya se llegó a un lugar donde el tiempo se mide por el ritmo de las guampas que tintinean en cada mano.
El Carnaval de Caacupé no es una fiesta cualquiera: es la segunda más importante del país, con comparsas que bajan de la cordillera de los Altos para llenar las calles de color y ritmo, mientras los artesanos del barrio Loma tallan madera pirograbada como lo han hecho durante generaciones. Más allá de los disfraces, en los talleres de platería se forjan las bombillas del mate y el tereré que luego viajarán a mercados de todo Paraguay; son detalles que convierten a esta ciudad en un escaparate vivo de lo que se respira entre sus valles.
El cerro Kavajú, esa mole de piedra con terrazas naturales y cuevas envueltas en leyendas franciscanas, es el otro pulmón de Caacupé: los vecinos lo protegen como a un familiar, organizando limpiezas y senderos para que nadie olvide que bajo sus picos guarda historias de indígenas perseguidos y milagros. Y si buscas un remanso, el lago Ypacaraí asoma en las afueras como un espejo que refleja el cielo cuando el sol se esconde tras los cerros.
Última actualización: 7 de agosto de 2026