Sobre el chat de Aviles
Si te asomas por el puerto de Avilés un mediodía de verano, verás las grúas de los astilleros moviéndose al ritmo de las olas y los barcos descargando sardinas frescas. Es el mismo escenario que vivió el poeta Ramón de Campoamor cuando paseaba por la ría, aunque hoy la ciudad respira entre el acero de la factoría de ArcelorMittal y los bares de sidra de La Magdalena. Por la noche, en el barrio de Sabugo, las luces del Teatro Palacio Valdés se mezclan con el murmullo de los vecinos en las tabernas de la plaza de España, donde aún se habla del tiempo de las mareas como si fuera ayer.
Y si lo que buscas es huir del bullicio, la playa de Salinas te espera a solo 10 minutos en coche, con sus dunas y el aire cargado de salitre que los viejos pescadores de la zona llaman "brisa de cierzo". Aunque muchos avilesinos te dirán que el verdadero encanto está en perderse por el casco histórico, donde cada esquina huele a pan caliente de las panaderías tradicionales y a los postres de almendra de las freidurías. Eso sí, si vas en agosto, no te pierdas el Desfile de Carrozas: los niños de la ciudad llevan años preparando sus disfraces con cartón y pintura, y el Ayuntamiento no escatima en algarabía.
Última actualización: 17 de julio de 2026