Sobre el chat de Túxpam de Rodríguez Cano
El sol pega fuerte en las calles de Tuxpan, pero la gente no se resguarda: sale a la acera a charlar, a vender en los puestos callejeros o simplemente a ver pasar el río. Los tuxpeños son de hablar directo y con salero, de esos que te invitan a un refresco en la sombra si ven que no conoces el lugar. Aquí la vida no se mide en prisas, sino en olas de calor que rompen contra el malecón o en los gritos de los vendedores de pescado recién desembarcado en el puerto.
El río Tuxpan marca el ritmo: desde el malecón se ven las barcas que suben y bajan con mercancías, y los domingos la gente se junta a comer en las palapas junto al agua. No es raro ver a alguien contando historias de los tiempos en que la ciudad se mudó de orilla por las inundaciones, o señalando el punto exacto donde Bernal Díaz del Castillo pisó por primera vez esta tierra. La temperatura dispara hasta los 48 grados, pero nadie se queja: el calor es parte de la identidad, como el sabor a salitre que se mezcla con el de los tamales de elote que se venden en cualquier esquina.
Lo que más sorprende a los forasteros es cómo conviven el bullicio del puerto con la calma de los barrios viejos, donde aún se escucha el náhuatl en algunas historias contadas al atardecer. Aquí no hay que buscar monumentos recargados: la esencia está en el ir y venir de la gente, en el olor a mar y en el sonido de las olas contra el muelle. Si quieres saber cómo es Tuxpan, no te quedes en la foto: sal a la calle y déjate llevar por el ritmo de los tuxpeños.
Última actualización: 7 de septiembre de 2026