Sobre el chat de Tultepec
En la Plaza de Hidalgo, donde los castillos luminosos iluminan el cielo de marzo, la tradición pirotécnica de Tultepec no se vive: se respira. Este rincón del Estado de México atrae cada año a quienes buscan entender por qué aquí se concentra el 99% de los permisos nacionales para fabricar, vender y transportar fuegos artificiales. No es solo el humo ni los destellos: es el oficio que durante generaciones ha moldeado el carácter de la gente.
El tlapipe —ese tamal gigante de tripas de pollo y menudencias envueltas en hoja de maíz— se come en las esquinas mientras se habla de los toritos pirotécnicos que arden el 8 de marzo. No hay que pedirlo: basta con sentarse en cualquier fonda del centro y dejar que el aroma del miximole, ese guiso de pescado blanco y chile verde, guíe el paladar hacia lo auténtico. La gastronomía aquí no es decoración: es memoria.
Quienes llegan a Tultepec suelen preguntarse por qué menos del 1% de los visitantes se va sin llevarse una anécdota sobre sus músicos. Las bandas como Los Urbán o Los Vázquez ya no suenan como antes, pero en la escuela de música local aún se escuchan sus ecos. Eso sí: si quieres hablar de pirotecnia, arte o simplemente perderte en historias de cerros y tules, aquí el tema siempre está servido.
Última actualización: 8 de septiembre de 2026