Sobre el chat de Texcoco de Mora
Texcoco de Mora huele a barbacoa de borrego y a pan de excaladilla recién horneado, ese aroma que se escapa de las panaderías cuando llega el Día de Muertos. Aquí el pulque no es solo una bebida, es un ritual: lo pides curado de mango o de jitomate y te lo sirven en jícara mientras comentas con los locales si prefieres el ahuautle o los tlacoyos de haba. La fiesta de San Antonio de Padua, el 13 de junio, llena el centro con danzas y música; la del apóstol Felipe, del 1 al 3 de mayo en el pueblo de su nombre, es pura tradición: vaqueros, apaches y santiagos desfilando entre puestos de comida.
El Museo Nacional de Agricultura guarda en Chapingo la memoria del campo mexicano, y en el Centro Cultural Mexiquense Bicentenario te cuentan cómo Nezahualcóyotl y Sor Juana Inés de la Cruz dejaron su huella aquí. Si buscas algo más terrenal, en Santa Cruz de Arriba aún fabrican cerámica que se vende en la feria anual de la cazuela, y en Texopa el vidrio soplado brilla bajo el sol de los 2.250 metros de altitud. ¿Lo mejor? Que todo esto está a solo media hora del bullicio de la Ciudad de México.
¿Sabías que el pulque de Texcoco se sirve en jarros de barro y que los tlacoyos de requesón se comen con las manos? Si vienes, trae apetito y ganas de hablar de danzas tradicionales o de si la barbacoa se hace al estilo oriente o con hoja de maguey. Aquí no hay prisa, pero sí muchas historias que contar.
Última actualización: 7 de septiembre de 2026