Sobre el chat de Santa Rosalía de Camargo
En Santa Rosalía de Camargo la calle se vive con el aroma del mezquite quemando y el rumor de las botas vaqueras. Los camarguenses no son de quedarse quietos: entre el polvo de la arena de rodeo más grande de Chihuahua y el murmullo del Conchos al atardecer, aquí la vida se mide en apretón de manos y miradas entre conocidos. No es un pueblo de miradas esquivas; si te ven por primera vez, igual te invitan a probar un trozo de puerco en chile colorado recién asado o te preguntan por tu equipo en la liga estatal de béisbol.
Cuando cae septiembre, todo cambia. Los devotos llenan el Templo de Santa Rosalía para la Novena, y al salir, el festival arde con música, baile y el olor a carne seca que flota entre las charlas. Los más jóvenes se apilan en las gradas del estadio Alonso Ronquillo para ver a Los Mazorqueros, mientras que los charros ajustan sus trajes antes de entrar al lienzo charro. Aquí no hay tiempo para aburrirse: entre el polvo de la expo feria, el sabor del chile chilaca con asadero y el eco de las escaramuzas en el lienzo, Santa Rosalía respira vaquero, fiesta y tierra fértil.
La gente de Camargo no necesita presentaciones largas. Si pasas por la confluencia de los ríos Conchos y Florido, verás cómo los puestos de queso ranchero y orejones de fruta se mezclan con los corrillos de amigos que discuten sobre la última jornada de la discada. No hay que buscar mucho: el carácter se encuentra donde el humo de la parrilla se mezcla con el viento que baja de la sierra, y donde una charla espontánea puede acabar en invitación a probar el caldo de oso que preparan en el muelle de La Boquilla.
Última actualización: 1 de septiembre de 2026