Sobre el chat de San Roque
La linea de la tierra que baila entre el Peñón y la bahía no es solo un mapa: es San Roque, ese pueblo blanco donde hasta el aire huele a salitre y a tierra seca. Aquí, en plena campiña, la gente no necesita más que un buen queso payoyo y un chato de vino de la tierra para empezar la noche. El casco antiguo, con sus calles empedradas y casas encaladas, guarda secretos como el Parque de la Ballena —sí, con sculpture a tamaño real— o el Santuario de Nuestra Señora de la Rocina, patrona que no falla ni en sequía.
Y no digamos de la Fiesta de la Virgen de la Rocina, cada agosto: tres días de casetas, sevillanas y el típico *potaje de tagarninas* que aquí nadie se salta. Más allá del pueblo, la playa de Campamento —con su chiringuito La Taberna— es el refugio de los que huyen del calor de julio, mientras que en Los Barrios la gente se junta en la Plaza de España a tomar un *tinto de verano* con vistas a la serranía. Si pasas por aquí, no te vayas sin probar el *queso de cabra payoya* con miel de la zona: te dejará sin palabras.
Última actualización: 8 de agosto de 2026