Sobre el chat de San Miguel de Allende
Desde los cerros que abrazan la ciudad, San Miguel de Allende se despliega con una luz dorada al atardecer. Aquí el aire es fresco, incluso a 1900 metros de altura, y el olor a pan recién horneado en los hornos tradicionales se mezcla con el aroma del café de altura. Las calles empedradas suben y bajan como un ecógrafo, dejando ver entre sus recovecos el pasado y el presente de una ciudad que fue testigo de la Independencia.
En el corazón de la ciudad, el mercado de artesanías —que ocupa seis manzanas— exhibe juguetes de barro, máscaras de madera y textiles que cuentan historias de generaciones. A pocos pasos, el Museo del Juguete Nacional guarda piezas que parecen sacadas de la infancia de México, con sus colores y formas que evocan tardes de juegos bajo el sol del Bajío.
La vida aquí no se detiene: entre iglesias barrocas y plazas escondidas, la gente charla de política, de arte o de la última fiesta. Algunos buscan inspiración para pintar, otros solo quieren perderse en el bullicio de un lugar donde cada esquina tiene algo que recordar.
Última actualización: 7 de septiembre de 2026