Sobre el chat de San Luis Río Colorado
Allí donde el Gran Desierto de Altar se funde con el río Colorado, la tierra se quema en verano y el viento arrastra polvo entre calles que huelen a tierra seca. A 40 metros sobre el nivel del mar, el termómetro marca récords que nadie olvida: en 1966, el aire llegó a los 58,5 °C, una marca que aún estremece a los que vivieron aquellos días. Pero no es solo el calor lo que define este rincón de Sonora. El río, aunque maltrecho, sigue siendo el alma del lugar, un hilo de vida que divide el asfalto de la frontera con Estados Unidos y que los cucapah transitaron mucho antes de que llegaran los primeros exploradores.
La ciudad no se rinde al calor. En el estadio Andrés Mena Montijo, inaugurado en 1968, el béisbol retumba en las tardes de domingo cuando los equipos locales saltan al campo bajo la sombra de las gradas. Más de 1.500 aficionados aplauden cada batazo, y en el México 70, donde el fútbol atrae a multitudes, los gritos de gol se mezclan con el polvo que levanta el viento. Fuera de los recintos deportivos, el Gimnasio Municipal vibra con partidos de básquetbol y voleibol, mientras en las unidades deportivas como El Bosque de la Ciudad, los niños corren tras el balón en campos de pasto sintético que nunca se quejan del sol.
San Luis Río Colorado no se esconde del calor; lo abraza. En las fiestas que llenan las plazas de música y color, el aire se espesa con el aroma de los puestos callejeros, aunque nadie menciona qué se vende ni dónde. Lo único seguro es que, cuando cae la noche, el termómetro baja lo justo para que la gente salga a caminar por avenidas que no llevan nombres de plazas genéricas, sino de la historia que solo quienes la viven conocen.
Última actualización: 7 de septiembre de 2026