Sobre el chat de San Juan Zitlaltepec
Al pie del cerro de la Estrella, donde el aire se corta con el olor a tortilla de comal recién hecha, la vida en San Juan Zitlaltepec late al ritmo de los sonidos de la música sonidera. Los zitlaltepecos —así se llaman sus habitantes— se reconocen en la calle por su trato cercano, por ese gesto de saludar al vecino con un «buenos días» que suena más a saludo familiar que a fórmula protocolaria. Aquí, el que no es albañil vende tortillas o hace gorditas de pollo en salsa verde; el que no, pasa el rato en la esquina de siempre, donde el rumor de las noticias se mezcla con el regateo de un kilo de chicharrón.
Las calles huelen a maíz tostado y a tierra mojada cuando llegan las lluvias de verano, que transforman los cerros bajos y los lomeríos en un paisaje de barrancas verdes. Por las tardes, el Lago de Zumpango refleja el cielo limpio del Valle de México, y en sus orillas algunos se sientan a comer un sope de suadero mientras comentan los últimos detalles de la feria patronal. No es raro ver a los más jóvenes ensayar pasos de baile para la fiesta de San Juan Bautista, el santo que da nombre al pueblo y alrededor del cual gira buena parte de la vida comunitaria.
Cuando el frío pega en invierno —aunque rara vez baja de cero—, las heladas dejan un velo blanco sobre los tejados y las conversaciones se acortan para refugiarse en el calor de las casas. En esos días, lo único que no se congela es el apetito: las quesadillas de chicharrón se piden con todo y el comal no para de chisporrotear. Aquí no hay prisa por llegar, pero sí prisa por saborear.
Última actualización: 9 de agosto de 2026