Sobre el chat de Salt
Al pie del río Ter, donde el agua dibuja curvas entre el verde de la ribera, Salt respira un aire tranquilo pero vivo. La Vila, el centro histórico, guarda la iglesia de Sant Joan de Salt —del siglo XVIII— y plazas como la de la Vila, donde los vecinos se saludan al caer la tarde. Si pasas por el Raval de la Pau, fíjate en las casas bajas de los años 50: son el testimonio de cuando esta zona era un pueblo independiente y hoy conservan ese aire de barrio obrero con alma.
Los domingos por la mañana, en el mercado de la Plaça Major, los puestos de panaderías como Ca la Maria o de embutidos de la abuela —sí, el *fuet* de Salt es otro nivel— se llenan de familias. Y si te gusta el *bull de taronja* (ese dulce típico con almendra y naranja), no te lo pierdas en las pastelerías del centro. Eso sí, no confundas el *bull* con el *moniatos* de la feria de Santa Creu, que en octubre ponen a Salt a oler a azúcar quemada.
Última actualización: 11 de julio de 2026