Sobre el chat de Pilar de la Horadada
El sol en la plaza del Pilar se alarga hasta el atardecer, cuando los terrazos de la calle Mayor se llenan de voces en castellano con ese acento que ya delata al pilareño: abierto, llano. Aquí no hay prisa por volver a casa, porque en Pilar de la Horadada la calle es de todos y la conversación fluye igual en la puerta del mercado que en los bancos junto a la torre vigía de la Punta de la Horadada, testigo mudo de siglos de piratería mediterránea.
Los domingos por la tarde, entre olor a jazmín y el repique de las charangas, es fácil ver a las peñas reunidas en la plaza de la iglesia para la pañolada, un paseo con misa incluida que nació hace pocos años pero ya huele a tradición. Y si es octubre, el pueblo entero se viste de fiesta: desde el 1 de octubre hasta el 21, el olor a azahar de la ofrenda de flores (Pilar de la Horadada es el segundo productor de flor cortada de España) inunda el aire antes de que las carrozas y las verbenas lo llenen de color.
La música también es cosa seria por aquí: entre el Conservatorio Mariana Baches y la Unión Musical Horadada, hasta el más despistado acaba tarareando alguna jota o un pasodoble en las romerías. Y si prefieres silencio, el Museo Gratiniano Baches guarda trozos de historia local entre sus vitrinas, desde los restos íberos hasta los cacharros de la huerta.
Última actualización: 9 de agosto de 2026