Sobre el chat de Almoradí
Almoradí no se ve desde el mar, pero el río Segura lo abraza a un kilómetro del casco urbano, dibujando una llanura aluvial que inunda la huerta cada vez que el agua se desborda. Aquí el paisaje no pide montañas ni costa: se conforma con una tierra fértil, donde el limo del Segura hace crecer tomates, pimientos y lechugas que luego se venden en el mercado local. Es el corazón de la Vega Baja, un municipio llano que huele a tierra mojada y a madera recién cortada, porque los talleres de muebles son tan parte del paisaje como la iglesia de San Andrés, reconstruida después del terremoto de 1829 y convertida en símbolo de resiliencia.
Los almoradidenses celebran su identidad con fiestas que duran días: en julio, los Santicos de la Piedra y sus Moros y Cristianos llenan las calles de color y ruido, con más de quinientos festeros en las comparsas. Pero hay otra fecha clave: el 30 de noviembre, cuando el Medio Año Festero recuerda a San Andrés, patrón del pueblo, con actos que atraen a miles de visitantes. Entre semana, las calles del centro bullen con el comercio local, desde tiendas de muebles hasta puestos de productos de la huerta, y por las tardes, la Sociedad Unión Musical ensaya en su sede histórica, una banda que ha ganado premios en toda España.
Si te gusta el ambiente tranquilo pero con vida, aquí no hay pretensiones: se habla claro, se trabaja la tierra o el mueble, y se festeja a lo grande cuando toca. Los almoradidenses son gente abierta, pero con raíces profundas en esta tierra que no se rinde ni con las crecidas del río.
Última actualización: 7 de agosto de 2026