Sobre el chat de Pallejá
En Pallejá el río Llobregat marca el ritmo. Los paseos junto a sus aguas son el territorio preferido de los pallejencs: allí se saluda a vecinos, se charla de cosechas en los huertos cercanos al cauce o se habla de cómo el macizo del Montmany, ese contrafuerte del Garraf que asoma tras las casas, protege al pueblo del viento.
La vida en la calle es directa y sin prisas. La antigua carretera N-II atraviesa el centro y allí se mezclan el trasiego de los coches con la tertulia en la acera. Los que pasan conocen a los que están: un vecino con la compra, otro que va a echar un vistazo a la balsa del río o el dueño de la tienda que deja la persiana medio bajada para cruzar dos palabras antes del cierre.
Cuando cae la tarde, el valle se llena de silencio salvo por el rumor del agua. Entonces es fácil ver a los pallejencs llegar desde las elevaciones cercanas —Les Planes, el Guixar o el Cucut— con las botas aún manchadas de tierra, como si el monte les hubiera recordado que aquí la tierra y el agua lo son todo.
Última actualización: 2 de septiembre de 2026