Sobre el chat de Miguel Hidalgo
Por aquí la gente madruga, pero no por el frío —a 2.273 metros de altitud, las mañanas de invierno se sienten a cero aunque el sol ya apriete—. Los michohidenses, como se les conoce, salen a la calle con prisa contenida: unos rumbo a Santa Fe, otros hacia la colonia Polanco, y los más afortunados al Bosque de Chapultepec que, con sus 2.260 metros, les regala una brisa que corta el calor de la ciudad.
En el corazón de la demarcación, donde las lomas se allanan cerca del Circuito Interior, los ríos La Piedad y Consulado corren ocultos bajo el asfalto; solo sus nombres en las vialidades delatan que por allí alguna vez pasó agua limpia. Más al poniente, en las faldas que miran a Cuajimalpa, las colonias residenciales se apiñan entre mesetas y barrancas, y en días despejados se ve el Ajusco al fondo, como un gigante dormido.
Por las tardes, cuando el frío de la noche empieza a morder, los vecinos se reúnen en las aceras de Polanco o en los portales de la colonia Lomas de Chapultepec. Allí se habla de lo humano y lo divino, de los embotellamientos en Constituyentes y de cómo el cerro de Chapultepec sigue siendo el guardián silencioso de la ciudad, aunque sus aguas ya no corran limpias por los ríos que lo rodean.
Última actualización: 31 de agosto de 2026