Sobre el chat de Matehuala
El sol se clava sobre las cuencas cerradas de Matehuala, donde el Altiplano se convierte en un espejo de tierra y sal. Aquí no hay ríos que bajen al mar, pero las torrenteras se llenan con las primeras lluvias y dibujan surcos efímeros entre el monte bajo. Es un paisaje austero, de mesetas que se pierden en la lejanía, con un cielo que parece tocar el suelo cuando el aire se espesa con el calor de mediodía.
El agua aquí no viene de arroyos grandes, sino de pozos profundos que riegan las parcelas de temporal. Los mantos acuíferos son salinos, con bajo sodio, y su explotación define buena parte de la vida agrícola del municipio. Más allá de la ciudad, hacia Refugio, los cauces como el Blanco Chico o la Gavia solo llevan agua cuando la temporada lo decide, dejando al descubierto rocas y barrancas que el sol reseca en horas.
Lo que sí no se seca es el ambiente en la sala. Gente de Matehuala habla de sus calles polvorientas, de los mercados donde el comercio se mezcla con el olor a tierra mojada tras una tormenta. No es un lugar de postales grandiosas, pero tiene su propia fuerza: la de un sitio donde cada detalle cuenta, desde la altura de 1.581 metros hasta el modo en que el viento arrastra polvo por las avenidas al atardecer.
Última actualización: 8 de septiembre de 2026