Sobre el chat de Manises
El domingo, cuando el sol aprieta sobre la huerta de Manises, los mayores se reúnen en la plaza del Ayuntamiento a comentar el partido del Levante UD entre sorbo y sorbo de horchata bien fría. No es raro ver a alguien ajustándose la boina mientras señala hacia el barrio de San Isidro, donde las calles huelen a pan recién horneado en las tahonas de toda la vida. El pueblo, que creció al calor del aeródromo militar y hoy vive entre lo rural y lo urbano, conserva ese aire de pueblo grande donde todos se conocen: desde los que trabajan en la cerámica hasta los que pasan el día en la pista de skate del Parque de la Muntanyeta.
Si te gusta el jolgorio, en marzo las fallas iluminan Manises con sus monumentos satíricos y el olor a pólvora se mezcla con el de la fideuà que preparan en cada casal. Pero también hay tardes tranquilas en el camino de la Costera, donde los ciclistas pasan bajo el viaducto de la A-3 y los perros ladran a los tractores que vuelven de los campos de naranjos. Aquí la gente habla de lo que toca: del nuevo carril bici, de la última fiesta en el Centro Social El Clot, o de por qué este año la cabalgata de Reyes fue la más larga que recuerdan.
Última actualización: 8 de agosto de 2026