Sobre el chat de Kioto
El atardecer sobre el bosque de bambú de Arashiyama no se olvida. Si vas en primavera, el camino del río Hozu se llena de cerezos en flor, pero incluso en otoño, cuando los arces tiñen de rojo las laderas del monte Atago, la ciudad respira historia por cada esquina. No es raro cruzarse con maikos camino a Gion o con estudiantes universitarios en Kawaramachi, donde las tiendas de dulces tradicionales —como los yōkan de la pastelería Ippodo— compiten con los izakayas que sirven yakitori hasta altas horas.
Si buscas algo concreto, no te pierdas el mercado Nishiki al mediodía: allí los puestos de takoyaki crujen al lado de los de tsukemono, y los olores a soja fermentada se mezclan con el del matcha recién hecho. Pero si prefieres escapar del bullicio, el templo Kiyomizu-dera al caer la noche, con sus faroles de papel y vistas iluminadas de la ciudad, es un espectáculo que pocos turistas incluyen en sus rutas.
Última actualización: 28 de junio de 2026