Sobre el chat de Jiquilpan de Juárez
La calle de Jiquilpan huele a tierra mojada y a tortillas recién hechas. Los jiquilpenses, gente de palabra serena pero mirada vivaz, se saludan con un gesto rápido en la acera mientras pasan frente al mercado donde venden las hojas de huanimban que aún usan para teñir telas. Por las tardes, el sol cae a plomo sobre el quiosco de la plaza, pero nadie se queja: es el momento de charlar junto al añil que heredaron de sus abuelos.
El Otero guarda los vestigios de cuando este lugar fue un cruce de caminos para el añil y el maíz, y aunque ahora lo rodean casas de adobe y techos de teja, sigue siendo el sitio donde los más viejos van a recordar. Al caer la noche, no es raro ver a algún muchacho buscando el brillo del río bajo la luna, ese mismo que antaño llevó la riqueza de Huanimban aguas abajo. Allí, donde la historia se mezcla con el rumor del viento, hasta el aire sabe a tradición.
Si pasas por Jiquilpan, no te pierdas el gesto de un jiquilpense cuando te habla de su pueblo. No es raro que te invite a probar un atole de guayaba en alguna fonda del centro, donde el sabor dulce contrasta con el peso de siglos que carga el nombre de la tierra.
Última actualización: 9 de agosto de 2026