Sobre el chat de Huixtla
Los huixtlecos no se andan con rodeos. Aquí la calle huele a café recién molido y a tierra mojada, porque el clima de Huixtla, a solo 47 metros sobre el nivel del mar, no perdona: en temporada de lluvias, los charcos se convierten en puntos de reunión improvisados donde se comparte desde un café de olla hasta chismes del pueblo.
La Feria de Huixtla, que se celebra cada noviembre, atrae a vecinos y visitantes con su ambiente de música tradicional, puestos de artesanías y, claro, la degustación de pan de elote, un dulce de maíz que aquí se hace con un toque de canela que lo distingue. No es raro ver a los más mayores hablando de cómo antes el río Huixtla —que cruza la ciudad— servía para mover molinos y ahora es solo un recuerdo en las historias de quienes lo vieron.
Pero no todo es tradición: en las tardes, los jóvenes se reúnen en la plaza central para ver pasar el tiempo y comentar los últimos partidos del equipo local. Aquí la gente no solo vive en Huixtla, sino que la siente en cada esquina, desde el olor a tortillas recién hechas en las panaderías hasta el eco de las campanas de la iglesia que marca el ritmo del día.
Última actualización: 9 de agosto de 2026