Sobre el chat de Hellin
Aquí donde se junta el alma de la Manchuela, en Hellín no se habla de mitos ni de monedas, sino de lo que late en sus calles. El eco de las campanas de la iglesia de Santa María de la Asunción aún resuena cuando los vecinos se acercan a la Plaza de la Constitución, donde el olor a horchata de chufa —especialidad de la zona— se mezcla con el bullicio de las terrazas en verano. Los más mayores aún recuerdan cuando el barrio del Castillo, con sus casas encaladas junto a las ruinas del antiguo alcázar, era el centro de las fiestas de Moros y Cristianos, declaradas de Interés Turístico Regional. Eso sí, si pasas por el mercado los martes y viernes, no te pierdas los puestos de productos de la tierra: el ajo morado de Hellín, los ajos tiernos o los quesos de oveja manchega son un reclamo que hasta los forasteros buscan.
Pero Hellín no es solo tradición. En el polígono industrial, donde trabajan cientos de personas, la vida nocturna se concentra en la calle San Roque o en los bares de la Avenida de España, donde los jóvenes toman sus primeros vinos de la tierra antes de colarse en las verbenas de agosto. Eso sí, si quieres probar el auténtico ajoarriero de la zona, pregunta por la taberna de la calle mayor: allí te servirán el plato con bacalao desalado en casa y patatas de la Manchuela, como mandan los usos. Y si te gusta el senderismo, el paraje de la Sierra de las Cabras, a solo 15 minutos en coche, es perfecto para una ruta corta con vistas a los viñedos que bañan el paisaje.
Última actualización: 8 de agosto de 2026