Sobre el chat de Almansa
Almansa no es un nombre cualquiera: es la villa donde el aire huele a pan recién hecho en las panaderías del centro y a romero en las lomas de la Sierra de Almansa. Si te asomas al Castillo de Almansa al atardecer, entenderás por qué los locales dicen que desde allí se ven más estrellas que en cualquier otro rincón de la provincia. La gente aquí es de las que saludan por la calle aunque no te conozcan, y si te invitan a un café en la Plaza de la Constitución, no rechaces el mistela: es tradición desde que los comerciantes de la seda lo trajeron en el siglo XVIII.
Los domingos, el Mercado de los Jueves —que en realidad es todos los jueves, pero el de los domingos es el más auténtico— se llena de puestos de aceitunas aliñadas, embutidos de la matanza y las típicas tortas de gazpacho. Si pasas por la ermita de San Roque, fíjate en los exvotos colgados: muchos son de corredores de la fiesta de los Toros de Fuego, que en agosto enciende la noche con más de mil cohetes y el olor a pólvora mezclado con el de las parihuelas de sardinas asadas en la verbena.
Última actualización: 16 de julio de 2026