Sobre el chat de Cuernavaca
El Palacio de Cortés sigue siendo el corazón de la ciudad, testigo mudo de siglos de historia entre sus muros de cantera. No es solo un edificio, sino el símbolo que une a los cuernavacenses: ahí donde antes gobernaron los tlatoanis, después los españoles y hoy cualquier paseante, se respira ese aire de mezcla que define a Cuernavaca. A su sombra, las calles aún guardan el eco de los chinelos cuando saltan en carnaval, pero también el silencio de las tardes tranquilas en un clima que invita a quedarse horas.
Si el taco acorazado te hace la boca agua, aquí no es exageración: arroz rojo, chile relleno y un bistec bien dorado envueltos en doble tortilla es la cena de muchos después de un día de trabajo. Y si es temprano, un taco de canasta humeante —con frijoles o chicharrón prensado— se vende en cualquier esquina. La gastronomía de Cuernavaca no se esconde: se comparte en mercados, fondas y puestos callejeros donde el sabor no necesita carteles.
Xochicalco no es un lugar cualquiera: sus pirámides y el juego de pelota siguen desafiando al tiempo. Quien entra allí no solo ve piedras, sino el legado de culturas que eligieron estas tierras por su luz y su brisa. Y si prefieres quedarte en la ciudad, el Palacio de Cortés o la Catedral son paradas obligadas para entender por qué Cuernavaca atrae a tanta gente.
Última actualización: 8 de septiembre de 2026