Sobre el chat de Cuautitlán Izcalli
El viento fresco que baja de la sierra de Tepotzotlán se cuela entre los edificios de la Glorieta de Palomas, donde el monumento a Morelos y Pavón preside el ir y venir de la gente. Desde allí, el Reloj Henry Ford marca el ritmo de la ciudad, un guiño industrial en medio de un valle rodeado de lomas que en días despejados parecen tocar el cielo. Quienes viven aquí conocen bien ese olor a hierba mojada que traen las tardes de lluvia, cuando el municipio se viste de gris y el ambiente se vuelve más que nunca de Cuautitlán Izcalli.
Infónavit Norte, la primera colonia formalmente establecida en los setenta, sigue siendo un referente en la ciudad: sus calles anchas y sus casas de ladrillo rojo son el testimonio de un crecimiento ordenado, distinto al caos de otras periferias. Más allá del centro, el hospital Luna Parc se alza como un gigante blanco de catorce pisos, visible incluso desde municipios vecinos. La gente habla de él no solo por su altura, sino porque allí se atienden desde emergencias hasta consultas rutinarias, un servicio que define el día a día en un lugar donde la salud es prioridad.
Lo que más sorprende a los recién llegados es la mezcla de modernidad y tradición: entre centros comerciales y avenidas congestionadas, aún se sienten los ecos de un pasado agrícola. Los domingos, el clima templado invita a caminar por el sur del municipio, donde las lomas más altas alcanzan los 2.430 metros sobre el nivel del mar. No es raro ver familias enteras disfrutando del paisaje, mientras el sol se filtra entre los árboles que, según el lema municipal, convierten a Izcalli en tu casa entre los árboles.
Última actualización: 4 de septiembre de 2026