Sobre el chat de Comalcalco
En Comalcalco no se habla de comales al azar: aquí se sirven los tamalitos de chipilín, unos bultos verdes que huelen a monte fresco y se deshacen en la boca. Se comen con atole o café de olla, y si te atreves, pídelos con masa colada y cabeza de cerdo: el contraste entre lo dulce y lo ahumado es puro Tabasco en cada bocado. No falta el pozol, esa bebida ancestral que aquí se toma blanco o con cacao, y en el mercado hasta te lo sirven con horchata para cortar el calor de mayo, que a veces roza los cuarenta grados.
La ciudad late al ritmo de sus fiestas. En mayo, la Enrama saca a las calles la imagen de San Isidro Labrador, y hasta el ganado vacuno llega a la parroquia en las ermitas para ser bendecido. Son días de cacao y despensas apiladas en la plaza, de música que sale del Teatro del Pueblo y de la Feria Comalcalco, donde artistas de talla nacional e internacional llenan el ambiente sin que nadie pague entrada. Aunque el escenario ya no está donde antes, en el Bulevar Leandro Rovirosa Wade, el espíritu sigue igual: el Hospital Regional Desiderio G. Rosado ocupa ahora aquel terreno, pero la tradición no se mudó de sitio.
Más allá de la mesa, Comalcalco guarda un pasado maya que asombra. A solo cinco kilómetros del centro, Joy Chan —así se llamaba esta ciudad antes de que los nahuas le dieran su nombre actual— fue un centro ceremonial clave entre los años 300 y 900 d.C. Sus ruinas, donde el estilo arquitectónico se mezclaba con influencias de otras regiones, confirman que aquí los dioses también comían cacao. Hoy, la ciudad mira al futuro con industria petrolera y cultivos que exportan chocolate, pero sin olvidar que su esencia está en esos sabores que se comparten de mano en mano.
Última actualización: 8 de septiembre de 2026