Sobre el chat de Coatzacoalcos
Justo donde el río Coatzacoalcos se funde con el Golfo, la ciudad se asienta sobre un paisaje de agua y sal. Los puentes que la unen a tierra firme —el Coatzacoalcos I, traído desde Alemania en los 50, y el II, inaugurado a mediados de los 80— son más que estructuras: son símbolos de conexión entre Veracruz y Tabasco, de esa mezcla que huele a humedad, a pescado fresco en los muelles y a la brisa que llega de la laguna del Ostión. Aquí la geografía manda: no hay esquinas sin brisa marina ni atardeceres que no pinten el cielo de tonos violáceos sobre el agua.
Si quieres saber de lo que se cuece en la ciudad más allá de los mapas, échale un vistazo a las fiestas. El 19 de marzo no es un día cualquiera: es el día de San José, el santo patrono que sale en procesión por las calles mientras suenan las mañanitas y se reparte la comida típica. Los zapotecos, asentados en la zona, le añaden su toque con días de calenda, tiradas de fruta y mayordomías que duran una semana entera. Y si te gusta probar antes de creer, aquí el menú incluye cosas que no verás en cualquier menú: pejelagarto ahumado, taminillas o tortuga en su sangre, platos que heredaron los nombres de sus primeros pobladores y que hoy se sirven en fondas donde el comensal no pregunta, sino que come.
Coatzacoalcos no es solo un puerto industrial: es un lugar donde la historia se mezcla con el presente sin pedir permiso. Las calles que bordean el río guardan el eco de leyendas como la de Quetzalcóatl, que según algunos pasó por aquí rumbo a Centroamérica, y el nombre mismo de la ciudad —que en náhuatl significa 'en el escondite de la culebra'— suena a mito listo para contarse entre café y pan dulce. Si lo tuyo no son los monumentos al uso, prueba a sentarte en el malecón al caer la tarde: el agua y el cielo harán el resto.
Última actualización: 7 de septiembre de 2026