Sobre el chat de Ciudad Obregón
La estación Cajeme, que dio nombre al municipio, fue el germen de una ciudad que creció al ritmo del tren y el agua que bajaba del Yaqui. Hoy, ese espíritu pionero se respira en los campos de béisbol donde juegan los Yaquis —equipo histórico de la Liga del Pacífico— o en las gradas de la Arena ITSON, donde el básquetbol de los Halcones levanta a más de siete mil almas cada noche.
El wakabaki hierve en las ollas de quienes lo preparan con garbanzos, carne de res y verduras, como lo hacían los yaquis antes de que el tren uniera valles. Y cuando el sol aprieta —y aquí es normal que supere los cuarenta grados—, las tortillas de harina, esas sobaqueras que los españoles trajeron y que ahora son pan de cada día, se doran en las comales de las casas y las fondas.
Entre el polvo del desierto y la humedad del mar cercano, la gente de Obregón habla de béisbol como otros hablan del tiempo, y de fútbol como de un deporte que aún no termina de cuajar. Aquí no hay que buscar grandes monumentos: la identidad está en el estadio, en la olla humeante de wakabaki y en el calor que se mide en grados, no en palabras.
Última actualización: 9 de septiembre de 2026