Sobre el chat de Cabo San Lucas
Los cabenses son gente de mar, acostumbrada al sol quemado y a las noches que se alargan porque el viento arrastra más que las olas. Aquí el ritmo lo marca el vaivén de las embarcaciones en el puerto y el olor a marisco fresco que se cuela por las calles de la ciudad. No es raro cruzarse con pescadores cargando sus capturas al amanecer o con familias que aprovechan el fresco de la tarde para pasear por el malecón, donde el Pacífico y el golfo se besan.
En Cabo San Lucas el nombre que más resuena es el de Yenecamú, el antiguo puerto pericú que los españoles rebautizaron una y otra vez hasta quedarse con el de Cabo San Lucas. La ciudad vive pegada al Área de Protección de Flora y Fauna, un territorio donde el desierto se mezcla con el mar y donde los lobos marinos se convierten en protagonistas involuntarios de los paseos en barco. Cuando el atardecer pinta el cielo de naranja, la gente se agolpa en el malecón para ver cómo el sol se esconde tras El Arco, esa formación rocosa que parece un guardián de piedra vigilando la unión de dos océanos.
La costa aquí no perdona: o te gusta el oleaje fuerte o prefieres resguardarte en las playas de arena dorada que se esconden entre acantilados. Los cabenses lo saben y por eso, cuando llega la hora de comer, no hay mesa que se niegue a un buen pescado a la talla o a unas tacos de mariscos frescos, servidos con limón recién cortado y salsa picante. Eso sí, no esperes encontrar platos de autor: aquí la comida es pura esencia de mar, sin pretensiones pero con mucho sabor.
Última actualización: 3 de septiembre de 2026