Sobre el chat de Villalbilla
Sobre el cerro del Viso, donde el viento limpio de la Alcarria de Alcalá se carga de historias, se asienta Villalbilla. No es un pueblo cualquiera: su identidad como villa independiente la marcó un privilegio real, pero su alma sigue anclada en lo cotidiano, en el día a día de sus vecinos y en las piedras que lo vieron nacer. Entre el casco histórico y las urbanizaciones de El Robledal o Zulema, la vida aquí tiene ese ritmo pausado que solo dan los pueblos con memoria, pero con ganas de mirar hacia adelante.
Lo primero que te reciben son las dos iglesias que guardan siglos de devoción: la parroquia de San Miguel de Lillo, con su Cristo de la Guía que es el patrón del pueblo, y la de Nuestra Señora de la Asunción en Los Hueros, donde las campanas repican cada mañana como un recordatorio de que aquí lo antiguo y lo moderno conviven sin estridencias. Y no solo eso: en las afueras, junto al camino real de la Isabela, aún se alzan las piedras miliarias que marcaban el paso de reyes y viajeros, un detalle que muchos desconocen pero que los locales señalan con orgullo cuando pasean por la Dehesa.
Si buscas algo más activo, el municipio deja poco espacio al aburrimiento. Hay cinco polideportivos municipales repartidos por sus zonas —desde el Arroyo del Tesoro hasta Peñas Albas—, un campo de golf para quienes prefieren la elegancia del deporte sobre el césped, y hasta un campo de aeromodelismo donde los aficionados dejan volar sus maquetas. La vida en Villalbilla es así: sin prisas, pero con opciones para todos los gustos.
Última actualización: 7 de agosto de 2026