Sobre el chat de Playas del Rosario
El olor a tierra mojada y a hierba recién cortada domina las mañanas en Playas del Rosario, donde el aire trae el rumor del río Pichucalco y el croar de los sapos se mezcla con el ladrido de los perros en las calles polvorientas. Aquí los rosarenses no necesitan reloj: el gallo canta al salir el sol, los niños salen a jugar antes del mediodía y por la tarde los adultos se reúnen en las esquinas a hablar de la siembra o de los precios del maíz en el mercado.
La calle principal no tiene nombre de héroe ni de santo, pero todos saben dónde está: es la que lleva desde la plaza hasta el río, donde los más viejos aún recuerdan cuando el agua llegaba hasta las casas en temporada de lluvias. Allí, junto al aluvión que forma el río, sigue el espacio que le dio el primer nombre a este pueblo: las Playas de Paso Ancho. Hoy la selva se ha retirado, pero quedan las huellas de su pasado: el manatí sigue nadando en las lagunas cercanas y los faisanes cruzan los potreros al atardecer.
La economía ya no es solo ganadería y milpa. Las tiendas de autoservicio y las bodegas de materiales conviven con las fondas donde sirven carne de tepezcuintle, si tienes suerte de que te inviten al monte. Los domingos, cuando el sol aprieta menos, la gente se junta a comer tamales de chipilín o a probar el dulce de coco que venden en la orilla del camino.
Última actualización: 7 de agosto de 2026