Sobre el chat de Navalcarnero
En la plaza de Segovia, con el olor a pan recién horneado de la tahona del siglo XIX, es fácil cruzarse con alguien que te saluda por el nombre. Aquí el tiempo no va como en la capital: en Navalcarnero se vive a ritmo de bodega y solares. Los domingos por la mañana, el mercadillo de la calle Real saca a flote desde quesos de la Sierra hasta herramientas de toda la vida, mientras los abuelos discuten sobre las últimas cosechas de uva moscatel. Si pasas por la calle del Sacramento, fíjate en el escudo de los Austrias sobre la puerta del ayuntamiento: este pueblo fue villa real desde 1499 y aún se nota en el empedrado de sus calles.
Más allá del casco histórico, en el barrio de La Estación —donde antaño paraban los trenes de mercancías— hoy se alzan naves reconvertidas en talleres de carpintería y algún que otro bar de tapas que sirve *patatas revolconas* con su toque de pimentón de la Vera. Por las tardes, cuando el sol cae sobre los viñedos de la DO Vinos de Madrid, los locales se reúnen en la terraza del Mesón del Cid para brindar con una copa de *Navalcarnero blanco*, ese vino fresco que aquí llaman *el de la tierra*. Si preguntas por el sitio más auténtico, te dirán que es la bodega de la calle San Roque, donde aún se pisotea la uva con los pies como en el Medievo.
Última actualización: 10 de agosto de 2026