Sobre el chat de Lisboa
El tranvía número 28 serpentea entre el barrio alto de Alfama y el centro, arrastrando turistas que se asoman por las ventanillas como si fueran turistas por primera vez. Aquí no hay prisa: un pastel de nata en la pastelería A Merendeira de Santa Apolónia sabe a gloria y cuesta menos de lo que cuesta un café en la Puerta del Sol. En invierno, el viento frío que baja del Castillo de San Jorge se cuela por las callejuelas empedradas de Mouraria, donde los vecinos aún saludan con un «bom dia» que suena a tradición.
Más allá del turismo, el lisboeta de verdad vive en zonas como Chelas, donde los grafitis de los artistas locales contrastan con las viejas fábricas reconvertidas en centros culturales. Si quieres saber dónde tomar una caña con vistas al Tajo sin pagar el precio de un cóctel en Bairro Alto, pregunta por la Tasca do Chico en el Bairro Alto: allí los fados suenan espontáneos, como si el local fuera un salón de alguien que invita a su casa a cantar.
Última actualización: 8 de agosto de 2026